viernes, 19 de junio de 2009

MICKEY MOUSE A GOGO


afiche

artaud mishima ionesco beckett la carnicería teatro santiago roldós cristian cortez arístides vargas patricio vallejo patricio estrella patricio guzmán peky andino roberto sanchez jorge mateus susana nicolalde alfredo breilh santiago rivadeneira jerome savary el rincón de los amores inútiles el muchacho del sótano la gasolinera pluma los clowns del findel mundo la puerta al verdadero teatro independiente del país marcelo luje lorena rodríguez marco vinicio romero joselino suntaxi

fragmento de MICKEY MOUSE A GOGO

Una obra de teatro de Paúl Puma.



MICKEY MOUSE A GOGO


Paúl Puma


Monólogo


Contactos y pedidos: Paúl Puma paul3puma@yahoo.com, paulpuma.blogspot.com, 098590502



OBERTURA

Mickey Mouse a gogo, que según la nota de presentación del espectáculo es la “primera obra de teatro de ciencia ficción que el Ecuador presenta al mundo” indaga en las nuevas tecnologías con implicancias éticas y sociales, al relatar la historia del clon de un ser humano1 que trata de escapar de un basurero tecnológico del año 2100.

El monólogo irónico y burlesco (...), para denunciar la extrema soledad y aislamiento que caracterizan a un mundo en camino a la deshumanización debido a una fascinación obsesiva por el consumo y la tecnología, se vuelve apocalíptico en Mickey Mouse a gogo (...), Paúl Puma registra una marcada intensificación de la desesperación sentida al hundirse más y más en los ciberlímites de la virtualidad. Lejos del viaje mítico de Ulises extraviado de su deseada Itaca, el público ahora escucha el monólogo de MIC-A-EL-@-W-X-1, una mujer con un código de barras brillante en la frente que comprende que es poco más que un ser inventado por medio de un microchip.

Brevemente, la protagonista se encuentra en un basurero tecnológico subterráneo conectada a una excavadora.

Mientras ella dirige sus lamentaciones en forma de monólogo a su doble, el “Arquetipo de personaje”, sugiriendo una identidad duplicada en la clonación, se comprende que su condición totalmente mecanizada carece de cualquier remanente de naturaleza. De hecho, MIC-A-EL-@-W-X-1 habita un mundo en que no hay ni siquiera lluvia ni lágrimas. Según ella explica:

Los experimentos atómicos terminaron con lo poco de agua bebible que teníamos... Necesitamos una pizca de sangre transparente, un poco de lluvia que nos limpie para salir a mirar las estrellas... (Señala a la excavadora.) Necesito desconectarme de esta oquedad eléctrica confusa y reactivar mis partículas en la luz de la vida. A.M.A.R.

Esta falta de agua como esencia misma de la vida llega a un extremo absoluto de desesperación cuando la protagonista confiesa: “Quiero dejar de ser un jeroglífico animado, una acotación, un conjunto de puntos suspensivos. Quiero llorar”. Pero, como ella constata, su condición virtual ha consolidado su existencia como una mera imagen perdida en el ciberespacio.

Ya sólo soy una imagen poética. Es el vértigo del mundo desde que tengo idea del autor, del mouse de este escenario virtual. Ordenador que anima un dibujo en la memoria del futuro. Mickey Mouse a gogo: el ocaso de la cibernética aplicada a la última escala de la especie humana, el homus tecnologhycus que cumple con la pesadilla que un día iluminó los ojos del mundo.

Ante su condición de “humanoide nanogénico y biodegradable”, la protagonista expresa la urgencia de recuperar su humanidad y, así, volver a ser sujeto de sus acciones. De acuerdo a su explicación:

Nos falta eso que alguien definió como voluntad o valor o espíritu, no lo tenemos o hemos olvidado el botón que lo hace funcionar... Necesitamos el recuerdo de nuestra parcial memoria humana, nuestro origen. Tan solo una chispa revolucionaria de luz en el ciber, en el undertexto. Una gota de agua.

No es casual que esta búsqueda se plantee como retorno a los orígenes perdidos ya que el texto de Paúl Puma pertenece a lo que he categorizado como una tendencia importante en el arte contemporáneo ecuatoriano. De hecho, aunque la situación futurista del texto parezca excesiva para un país como el Ecuador donde las mayorías todavía viven en la premodernidad y la modernidad, Mickey Mouse a gogo no ha de leerse sin tomar en cuenta el intertexto del neocolonialismo. Es decir, toda referencia a lo cibernético que se acostumbra a encontrar en alguna película hecha en Holywood, más bien evoca una larga historia de dominación por un lado, y las luchas por liberarse de ella, por otro. El cuestionamiento de la inevitabilidad de esta condición sometida es, precisamente, lo que se escucha cuando la protagonista pone en tela de juicio la relación entre personajes y autores como metáfora de dicha dominación.

Sí, ya sé que no somos más que el borrador de una persona. ¿Es que tenemos que decir lo que él quiere que digamos? ¿Y nosotros? (Pausa.) ¿Por qué hemos sido manipulados así? ¿No estás cansado ya de que esto sea el experimento de su ordenador? Por qué nuestras palabras, nuestros gestos no pueden escapar de su silencio.

Si bien es cierto que esta rebeldía del personaje frente al creador constituye un recurso textual de una larga trayectoria en el arte, no hemos de perder de vista que Paúl Puma escribe en una época profundamente mediática y, como tal, la archiconocida metáfora empleada aquí trasceinde lo meramente reflexivo y tradicional. Es decir, en la aldea global de la actualidad no hay cómo distinguir entre creados y creadores, ya que todo el mundo de una u otra manera esta atrapado en las múltiples imágenes sobrepuestas que se proyectan incesantemente. Según MIC-A-EL-@-W-X-1, “Ya sólo somos el arquetipo del personaje de una obra de teatro. El personaje roído que no puede escapar del papel que le han legado.”

Conviene señalar que la preocupación por los efectos deshumanizantes en la obra de Paúl Puma no ha de comprenderse como un rechazo a la tecnología y a la ciencia en general. En vez de una actitud retrógrada, la posición contestataria e irreverente del dramaturgo apunta a tomar conciencia de la necesidad de participar ampliamente en la creación, distribución e interpretación de los avances científicos, especialmente cuando éstos determinan los contenidos transmitidos por los medios masivos de comunicación en nuestros tiempos globalizados. No estará de más anotar que la deseada participación se concibe como un esfuerzo por contrabalancear los intereses y excesos de los centros de poder con las necesidades y valores de las llamadas periferias. Por eso, se denuncia tan a menudo la capacidad destructiva de las fuerzas hegemónicas del llamado progreso, las que inevitablemente conducen al empobrecimiento general de las mayorías silenciadas y co-optadas.

El teatro contemporáneo del Ecuador entre dos milenios:
Resistencia y representatividad
Michael Handelsman
University of Tenessee, Knoxville, abril 200




Personaje
MIC-A-EL-@-W-X-1 Mujer. Tiene el cabello recogido en dos moños y un código de barras brillante en la frente. Los párpados totalmente negros.

Arquetipo de personaje
Mic-a-el. Hombre, similar a MIC-A-EL-@-W-X-1 .





Escenario
Basurero tecnológico subterráneo.

Utilería
Silla giratoria: la excavadora.

Una copa transparente.

Un corazón ensangrentado.

Vestuario
Un collar de aluminio con tres tornillos salientes. Vestido futurista plateado, andrajoso, consta de corsé y falda de varillas.

Música
Variaciones en violín.






Oscuridad. Luz cenital sobre MIC-A-EL-@-W-X-1 montada en la excavadora. Termina de girar sobre ella. Mira hacia arriba con los brazos caídos. Música. Sufre espasmos. Las dos manos recogidas en la cabeza dejan ver el rostro turbado, cerrado abajo por la juntura de los codos, que siempre mira al espectador fijamente y con pánico. Mientras termina la música dice algo inaudible.

MIC-A-EL-@-W-X-1
(Grita.) D. N. A. (Decae lentamente.) Mira en lo que ha quedado nuestro paraguas de espantapájaros de circo. (Repara en su vestido.) Este misterioso método de varillas metálicas..., ahora sólo sirve para medir falsas estrellas. (Cierra los ojos.) Ag. ¿Qué? Un poco de silicona cruda. Seguro, tanta miseria. Sí. No. Ay. Mal, vámonos de aquí, salgamos de este infierno antes que sea demasiado tarde. (Con una voz que no es suya.) Nunca es demasiado tarde. (Abre los ojos. Levanta exageradamente con sus dedos los extremos de su labio superior. Con su voz, susurra.) Haz la boca como si tuvieras unas cuchillas dentro de tus labios. ¿Lo entiendes? Es posible que todavía te reste un poco de saliva en la lengua. Semi abierto el orificio de tu rostro como una herida, el plasma querrá salir-entrar, salir-entrar, lo fingirá. (Pausa.) No es necesario enfurecerse con el aire, sólo intenta soplar y retraer pensando que eres el pitín por donde chilla tu sistema biológico de goma..., como el mal soplido de una locomotora de juguete a media pila. (Pausa.) A los pocos segundos empezará a salir el líquido vital que te repone el alma y un sonido gutural espeso, lleno de esa porquería a la que no quieres nombrar, pero que clamas, como la gota de sangre desgraciada y arbitraria que eres. (Ríe con dificultad.) Cualidad espasmódica de un dromedario y marsupial roedor que no se podría superar ni con un gran actor o un íncubo o un súcubo adquirido de la vibración de un pozo de silencio. M. M. M. Déjate caer. (Llora con dificultad.) Oh déjate caer en su sórdida lágrima blasfema. Déjate temblar en el espasmo de esa gota láctea, glandular, digestiva..., como un grito vencido o una catarata destruida. Roza el suelo. (Planea con sus brazos.) Su misericordia con tu ácido dis-óxido-rribo-nucleico..., tu..., fárrago de sal..., tu fárrago..., tú..., fárrago de sal.

Produce saliva hasta que se transforme en espuma, después la escupe con delicadeza y precisión hacia una región específica en el suelo y la persigue con la mirada y su cuerpo mientras se quita el vestido y se baja de la excavadora para recoger o fingir recoger totalmente el escupitajo con la lengua. Luego, música, mientras se arrastra y gime hacia un extremo del proscenio.

Mic-a-el, los hermanos que tenía se han comido mis piernas. (Pausa.) Tenían hambre y sed. (Pausa.) ¿Cómo podré seguirte ahora amor mío? Todos están así. (Pausa.) Nos estamos pudriendo vivos. (Pausa.) Se han comido las piernas de todos los hermanos que tenía. (Silencio.) Ya no queda alguien que me instale un programa de felicidad, un microchip. Una mancha de silencio en el silencio que quede en la humanidad como el registro histórico de un gesto de piedad o tolerancia. Mic-a-el, he dormido un siglo y necesito despertar de esta pesadilla. (Mira hacia arriba.) Que llueva. Tuvimos ya demasiada agua y no hicimos nada con ella. Que llueva un poquito. (Mira a su alrededor.) La pregunta es cómo podría llover en el infierno. Cómo podría bañarse esta bóveda de tinieblas. Afuera hay un huracán permanente, una lengua de fuego radioactiva. La naturaleza se cansó de que le hagamos tanto daño y se volvió contra nosotros. No podemos habitarla. Nos ha quitado su lámpara líquida. Y ya no soportamos sus desgraciadas huellas. (Mueve los tornillos de su collar. Respira con dificultad.) La riqueza del mundo se ocultó por mucho tiempo bajo las calles, en los ríos naturales o artificiales. En los acueductos que llevaban a los centros de las ciudades, a las fuentes de las plazas donde un día llegamos a bañarnos. Pero dicen que así como los romanos fueron sorprendidos bañándose en las piletas públicas y cayó el Imperio, así también el mundo cayó por ignorancia. Caímos. Hemos escarbado demasiado la tierra ya, esta inmensa ciudad subterránea está hundiéndose de un modo alarmante. Y, no hemos encontrado nada..., de agua. Será porque el autor no llora. No ha querido llorar. ¿Cómo lo haría? Si ya ni siquiera los océanos de aire que ha escrito le sirven como espejos para mirarse la tristeza. Están contaminados. Los experimentos atómicos terminaron con lo poco de agua bebible que teníamos. (Pausa.) Autor, quizás ya te olvidaste de soñar el sueño en que nosotros te soñamos. ¿Esta megalópolis obscura nos verá morir de hambre y sed de justicia? (Pausa.) Estos acueductos están repletos..., de mierda. (Pausa.) Necesitamos una pizca de sangre transparente, un poco de lluvia que nos limpie para salir a mirar las estrellas. Una señal. (Pausa.) Algo. (Silencio.) ¿Por qué has abominado de nosotros? ¿Por qué estamos aquí y no allá? ¿Por qué eres tú y nosotros no somos aquí, ahora? Ni siquiera dos puntos. Física quántica. ¿Fragmentos de otros seres en una obra que utiliza sonido de lluvia como pura ficción? (Sufre un espasmo.) La raíz central no ha podido catalogar la fe o transferir a una unidad vacía la voluntad de convivir. Voluntad. Esa cursilería del pasado tan utópica como el amor. (Quejándose.) ¡Embriones Mamotretos heridos que buscan piedad. (Al público.) Necesito una vacuna inmunológica distinta para la oscuridad. Eliminar de mis archivos esta recesión. (Señala a la excavadora.) Necesito desconectarme de esta oquedad eléctrica confusa y reactivar mis partículas en la luz de la vida. A. M. A. R. (Pausa.) ¿Esta bóveda terrena que me asfixia alumbrará acaso para siempre mis días? (Pausa.) Quiero tener una lectura armónica, un nivel de energía transparente y puro. Quiero dejar de ser un jeroglífico animado, una acotación, un conjunto de puntos suspensivos. Quiero llorar.

Repite la palabra llorar en diversos tonos. Muestra las palmas de sus manos, las mueve como abanicos. Aspira dramáticamente como si su boca fuera una ocarina y luego expira hasta terminar extasiada en la ausencia de oxígeno, lo refleja en su rostro.

Ti.

Se bambolea de un lado al otro y produce tres melodías con las plantas de los pies. Deja que una de sus manos camine por sobre su cabeza hasta envolverla y recogerse, finalmente, en la quijada.

F.

Se toma la otra mano que tiembla ferozmente. Retrocede hasta un muro, zapatea rápida, suavemente, aplaude una sola vez hacia arriba. Estática.

M.

Recoge una copa transparente, la voltea con lentitud en el aire, apunta su lengua hacia el receptáculo vacío. Se lamenta. Luego camina alrededor de la excavadora. A veces se detiene.

Ping..., g..., g..., g... Pong. Ping. Pong..., g..., g..., g... Silencio. ¡Silencio! Shhhht. (Pausa.) ¿Qué hora es Mic-a-el? “El mundo está cegado de ambición..., y llueve.” (Pausa.) Ya sólo somos una imagen poética. Ya sólo soy una imagen poética. Es el vértigo del mundo desde que tengo idea del autor, del mouse de este escenario virtual. Ordenador que anima un dibujo en la memoria del futuro. Mickey Mouse a gogo: el ocaso de la cibernética aplicada a la última escala de la especie humana, el homus tecnologhycus que cumple con la pesadilla que un día iluminó los ojos del mundo. El gen de la inmoralidad, de la inmortalidad humana en un invento atroz. El aparato de la muerte cíclica. (Pausa.) Nosotros, su más abrumador experimento. Anotaciones del holocausto de los hombres. Percepción del animal de un escritor. Peces teleósteos de cabeza voluminosa con los ojos dirigidos hacia arriba y la mandíbula inferior prominente. Ratas de alcantarilla fabricando estados del espíritu, gestos, juegos artificiales, realidad virtual en los viaductos resecos de una ciudad, de un universo subterráneo, para revolucionar su propia tragedia. Uf. El teatro impuro. Un retrato de lo que ya no es. Ah, la estética de la miseria. Vanidad, pura vanidad abatida. (Pausa.) La carne que crea a su espejo y luego es desplazada por él. (Pausa.) Un dramaturgo tan borracho de ambición que no repara en que anida todavía su insípido alter deus con un experimento de laboratorio. Y nuestra lengua retraída para siempre en el papel de animales hambrientos y llenos de espejismos que no saben hacer otra cosa que escribir su obra. ¿Vendrá a verla? ¿Vendrá a vernos? ¿A sacarnos de aquí? Paupérrimo demiurgo de cuerpos que no existen, que sólo son una pésima imitación de su grito, un ápice de su ser. Élitros de muerte que piden vivir. Dejar de ser su Pin up W 9 Mickey Mouse a gogo su Mickey Mouse á gogo su Mickey Mouse a secas. Un título ridículo, un anzuelo publicitario, un pretexto a la posibilidad del desastre de la humanidad en las manos de alguien que sabe que si desaparecemos, también desaparecerá y escribe sus mapas astronómicos en alguna buhardilla olvidada sobre la tierra en otro tiempo y otro espacio. (Cae totalmente y luego se levanta.) Mic-a-el. (Pausa.) Cuando cierro los ojos veo un océano de sangre. En mí no hay complacencia hasta que nos liberemos del escenario de este cuerpo, de este teatro glandular. Caigo de bruces en las letras de tu nombre. Ni siquiera sé llorar. No nos enseñó todavía. Arruina mis palabras y mis actos. Ha olvidado incorporar en mi historia el universo de la risa. (Pausa.) Mic-a-el. ¿Nuestras fauces morderán para siempre el futuro del olvido? Nuestra memoria será magnífica, como un conjunto de alondras que se dedicarán a llorar a gusto porque recordarán que somos la huella miserable de un universo con hambre y sed. (Cae totalmente y luego se levanta.) D. N. A. Vámonos. ¿Quieres? La lluvia limpie este pozo de tinieblas para que podamos ir a mirar las estrellas. (Pausa.) Mickey Let´s go. Diamond of my heart. We will change our mind, our food. I don´t believe on the hungry spirit. (Pausa.) Is this the delicious flower of this blood, a few of poem. My foot, my tutor. Vamos, larguémonos, ya no soporto otra noche más aquí, dentro de mí, sin-ti-go-go-go..., go...


Quito / 2001